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MI Kabbala – Shevat 7, 5786 – Domingo 25 de enero del 2026.

¿Mundo?  

El Texto de Textos nos revela en Deuteronomio 10:16, “circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón, y no endurezcáis más vuestra cerviz. 17 Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses y Señor de señores, Creador grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas, ni toma cohecho; 18 que hace justicia al huérfano y a la viuda; que ama también al extranjero dándole pan y vestido”.

La palabra deseo (תאווה) hace referencia en su trasfondo a lo sideral, quizá como una forma de reenfocarnos para que no perdamos de vista que hacemos parte integral de una creación y que nuestro mayor anhelo debe ser el de retornar al lado de nuestro amoroso Padre celestial, visión que le da a nuestro lenguaje y a las interpretaciones que este nos ofrece la posibilidad de identificarnos con Él, comunicarnos, para que sea Su guía a través de los destellos de Su palabra la que nos posibilite ese objetivo unificador.

Al estar presos en la dimensión de lo imaginario (del edo), nos recreamos en nuestras expresiones confusas, las cuales obvian esas chispas de luz de la Palabra creadora y se enfocan en raíces lingüísticas (קוטב, kotev) mundanas quesolo retroalimentan esas distorsiones egocéntricas que se denotan en la vulgarización de nuestros idiomas, motivo por el cual nos desinformamos, desarmonizando nuestras coexistencias, al punto que preferimos maldecir cuando nuestra boca solo debería bien decir.


Si comprendiéramos la importancia de cada signo lingüístico del hebreo original, combinando sabiamente estos fonemas con nuestro lenguaje diario, nos ocuparíamos de fluir con esa sabiduría divina, manteniéndonos en los propósitos para los cuales fuimos creados, en vez de enfocarnos en recrearnos en otro tipo de versiones de la realidad, las cuales le quitan el sentido trascendente a nuestras vivencias, restándonos en cada impulso bocal (פֶּה, pe), ya que nos recreamos en deseos que terminan sofocándonos producto de alinearse con alucinaciones e insatisfacciones sin sentido. 

Lo que llamamos nuestro mundo material (Assiyá, עֲשָׂיָה, Asayá) es tan solo uno, dentro de las cuatro dimensiones en que se cree coexistimos, lo que implica usar de la mejor forma que podamos cada fonema de nuestro lenguaje, comprendiendo que estos signos movilizan nuestros deseos y a la vez nos vinculan con aquello en que terminamos recreándonos, fluir, que debe articularse es a ese amor celestial que le da a nuestra esencia un sentido, en donde dejamos de percibirnos separados hasta de nosotros mismos y logramos integrarnos para cogobernar de forma más coherente nuestros pensamientos y relaciones. 

Isaías (יְשַׁעְיָה, Yesayá) nos llama como creyentes a no seguir usando nuestro lenguaje para distanciarnos aún más de Él, ya que así solo terminaremos cohabitando en ese mundo de ilusiones y deseos mercantiles que nos esclavizan, dimensión que poco o nada tiene que ver con los propósitos divinos, error milenario que no debemos seguir replicando más, para mas bien reorientar nuestras vidas gracias a la Palabra del Creador y a los preceptos y mandatos allí implícitos, en pro de nuestro despertar, ese en donde expresamos otros términos, unos que nos generen un solo anhelo: el de integrarnos a Él a través de Su obra, objetivo que solo logramos si nos alineamos al fluir de Su palabra. 

El Texto de Textos nos revela en II de Timoteo 2:22, “Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor”.

Oremos para desear más lo divino que lo humano.

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