
Mi Kabbala – Sivan 9, 5785 – Viernes 6 de junio del 2025
¿Mortal?
El Texto de Textos nos revela en Josué 23:14, “Por mi parte, yo estoy a punto de ir por el camino que todo mortal transita. Ustedes bien saben que ninguna de las buenas promesas del Señor su Dios ha dejado de cumplirse al pie de la letra. Todas se han hecho realidad, pues él no ha faltado a ninguna de ellas”.
No existe ningún ser vivo que en algún momento no tenga que morir (mut, Mávet, מתה) y aunque es algo seguro, poco nos ocupamos de ello o por lo menos de lo que sigue después de ahí, pese a que la Biblia es clara en que tendremos espacios de juicio en donde tendremos que dar cuentas de lo hecho en vida, quizás por ello nuestros entierros y sus ceremonias representen estas visiones oscuras al respecto, siendo el mitzvá judío un llamado para acogernos desde ahora a esa piedad divina, en vez de esperar que sean las plegarias de otros las que nos auguren un final más digno.
Un entierro de un creyente no debe ocuparse tanto de los detalles sociales acostumbrados como si de lograr que el alma de ese ser humano que ahora debe volver arriba al lado del Creador logre ese objetivo o de lo contrario ese sopló de su Aliento que movilizaba ese ser se podría perder en esa etapa final e incluso olvidarse de esa misión terrenal que le fue encomendada, por lo que de una vez el cadáver vuelva al polvo, hay que orar mas para que el alma ascienda, quizá por ello se recomienda enterrar el cuerpo y no cremarlo, ya que este pertenece al Creador y por lo tanto, es sagrado (קֹ֫דֶשׁ, qodesh).
Cada persona es responsable por sus acciones, especialmente de aquellas que realiza a voluntad y con pleno conocimiento de sus efectos, por lo cual cuando esta alma llega al Mundo de la Verdad, no deja el cuerpo de inmediato, lo que hace que cualquier partida abrupta sea en parte más dolorosa, por lo que se supone en medio de esta visión que el alma acompaña por un tiempo la descomposición gradual del cuerpo (גּוּף, guf) hasta que se va a acostumbrando a dejarlo de a poco y además a esperar su nueva vivienda divina, perspectiva que nos llama como creyentes a aprender de estar experiencia temporal terrenal desde esta mirada trascendente y no desde las especulaciones al respecto.
Algunos creyentes consideran que el cuerpo al ser separado del alma por la muerte, debe ser enterrado (qabar, קָבַַר) lo antes posible, ojala el mismo día del fallecimiento, para que el alma alcance pronto su encuentro y descanso eterno, por lo que bajo esa mirada, se cree que son sus allegados los que deben profundizar en esa última y digna despedida cuidando que ese cuerpo ahora inerte, permita el ascenso del alma, evitando con ello que el duelo de la despedida promueve más los desapegos que las convencionales propuesta terrenales en donde se le hace a dicha alma más difícil salir de la confusión de su partida.
Esa Shoá (שואה) fue la que hizo que judíos con conciencia juntaran las cenizas de los hornos crematorios de los campos de exterminio y las enterraran apropiadamente en cementerios judíos. Visión de sanción rabínica que nos llama a revisar todos esos rituales paganos de algunos entierros para que ajustándonos a la Torá comprendamos que por ejemplo la destrucción instantánea del cuerpo quita al alma la posibilidad de tener este período de acomodamiento, realmente necesario. No olvidemos tampoco como creyentes que la Biblia nos insinúa que serán los cuerpos enterrados los que estarán incluidos cuando llegue el momento de la resurrección.
El Texto de Textos nos revela en Romanos 5:12, “por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”.
Oremos para que valoremos todo lo que el Creador nos ha dado.



