Mi Kabbala – Tamuz 23 – lunes 29 de julio del 2024.
¿Sesgos?
El Texto de Textos nos revela en Éxodo 31:18, “Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo del Creador”.
Los seres humanos, desconectados de nuestra fuente primaria de vida, adquirimos un tipo de lenguaje limitado, sesgado y finito que nos impide incluso comunicarnos plenamente con ese Creador del que nos separamos, מְפַלֵּג (mefaleg), producto de nuestra desobediencia. Probablemente por ello, con el paso del tiempo, las traducciones e interpretaciones de sus preceptos y mandatos son tan variadas como opuestas, logrando con ellas más y nuevas confusiones que convertimos desafortunadamente en mitos y hasta en ritos sobre los cuales tejemos nuestras equivocadas creencias.
Para comprender mejor esos sesgos, podemos auscultar en los nombres de algunos patriarcas y sus significados. Por ejemplo, Moisés, Moshé, del hebreo original, proviene del verbo mashá, משה, que implica “sacar”. Este contexto nos permite asumir que, aunque dicho nombre fue dado al bebé por la hija del Faraón después de que ella misma lo sacara del Nilo para rescatar su vida, esa señal y su metáfora proyectan la misión dada por el Creador a Moisés para sacar al pueblo de Israel de la esclavitud, atravesar el desierto y llevarlos nuevamente a la tierra prometida de acuerdo con la Palabra del Creador.
Son palabras y nombres que, aunque no logramos interpretar todos de la misma forma debido a que las traducciones internacionales de los Textos Sagrados intentan adecuarse a nuestros actuales contextos, deben llevarnos a vislumbrar ese hebreo original donde encontramos otros profundos significados. De allí que palabras como bereshit, o sea “en el principio”, nos llamen a entender gracias a la raíz rosh, ראש (cabeza), que cuando en la Biblia se hace referencia al principio, deberíamos interpretar, según dichos estudiosos, que desde el intelecto del Creador se creó nuestra humanidad.
Todas las traducciones nos hablan de esa visión original. Sin embargo, al profundizar más en ese idioma primigenio que sale de la boca y cabeza de nuestro Creador, podemos comprender con mayor claridad que nuestra parte superior del cuerpo, בִּינָה (binah), asiento del intelecto, es el núcleo de la identidad humana. Esto, desde esa mirada, nos induce al mensaje de la Biblia para asimilar que la creación de Él, respecto al cielo y la tierra, ha sido un proceso inteligente e intencional, y no como algunas personas lo quieren entender, como un error aleatorio.
Al alejarnos de nuestras propias y sesgadas especulaciones, como creyentes debemos posibilitar la relectura de las Escrituras, dejándonos guiar por el Espíritu Santo para que incluso esa actividad intelectual que nos lleva a usar la cabeza se integre con nuestro corazón y nuestra alma. Así, gracias a ello, podamos adentrarnos en los verdaderos mensajes de nuestro Creador, esos que nos invitan a amar a nuestros próximos como a nosotros mismos y lógicamente a Él por sobre todas las cosas, para así alejarnos de la esclavitud que hoy nos mantiene anclados al pecado, עָ֫בֶד (ebed).
El Texto de Textos nos revela en Santiago 2:8, “si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis; 9 pero si hacéis acepción de personas, cometéis pecado, y quedáis convictos por la ley como transgresores”.
Oremos para que nuestra fe mueva montañas.



