
Mi kabbala – Tishrei 27, 5785 – Martes 29 de octubre del 2024.
¿Conceptos?
El Texto de Textos nos revela en Génesis 2.23, “Esta es ahora hueso de mis huesos, y carne de mi carne; ella será llamada mujer, porque del hombre fue tomada”.
La sagrada palabra del Creador, entregada a Moisés con sus signos, letras y frases, contiene una enorme carga de significados y señales de vida que se distorsionan fruto de nuestras interpretaciones sesgadas, convertidas en conceptos descontextualizados que nos confunden. Esto implica que, más allá de enfocarnos en estudios profundos, debemos orar para que sea la guía e iluminación del Espíritu Santo quien nos conduzca, de manera que nuestras especulaciones, מְפָרֵשׁ (mefaresh), no nos lleven a manipular el verdadero sentido de sus enseñanzas con intenciones y deseos contrarios.
Quienes afirman, por ejemplo, que el Creador sacó a Eva de una costilla de Adán, omiten que la traducción más coherente de ello expresa que fue un “costado”, tselaot, plural de tsela (צֵלָע), lo cual puede referirse incluso a varios órganos. Esto ha llevado a algunos a pensar que podría estar aludiendo a los genitales o incluso a huesos. Uno de estos huesos, según la actual visión de la clonación, podría contener toda la información genética para crear a un ser humano. Quizá por ello se habla de dos creaciones: una del polvo, al cual regresamos, y otra de hueso, que con su información nos habla del Padre.
Por otro lado, ese mismo concepto de tsela (צֶ֫לַע) puede entenderse como algo lateral al cuerpo o que está a su lado, como los brazos que salen del tronco, denotando según las Sefirot y sus pilares una armonía donde en la derecha: Jojmá, Jesed y Netsaj representan el pilar de la misericordia y el amor, el espíritu masculino y activo, mientras los de la izquierda: Biná, Guevurá y Hod simbolizan el juicio o rigor, la concentración y el espíritu femenino, material y pasivo. En el centro, Kéter actúa como basal, para que las tres Sefirot restantes: Tiferet, Yesod y Malkut proyecten los atributos divinos más absolutos en conciencia con Daat (דָּ֫עַת), el yo superior ubicado en el abismo cabalístico.
Kéter, como conciencia divina, hace referencia a un todo en donde lo masculino y lo femenino nos llevan a percibir esos dos principios fundamentales del cosmos: el activo, masculino y positivo, espíritu y energía; y el femenino, pasivo y negativo, materia y sustancia, formando un todo, basar (בָּשָׂר). Traducido como “carne”, hace referencia a algo más que una cubierta temporal; es una entidad donde, por estar alejados de la luz del Creador, pasamos por alto incluso dones como la procreación, fusionando nuestro deseo de unirnos a Él con deseos mundanos fragmentados que, paradójicamente, solo nos alejan.
Por lo tanto, si se habla de los frutos prohibidos del árbol del conocimiento del bien y el mal, רֹעַ, es probable que algunos traductores proyectaran de allí conceptos como manzana (tapuaj, תַּפּוּחַ), uno de esos frutos, obviando que quizá ese concepto resignifica nuestra condición humana, para que nos alimentemos menos de lo material y de sus derivados, que reproducen engaños, y busquemos, como Adán después de la caída, reflexionar hasta comprender dónde estamos y cómo podemos retornar a ese estado original, logrando que nuestras palabras nos proporcionen fragmentos de esa otra realidad.
El Texto de Textos nos revela en I de Timoteo 2:9, “Asimismo, que las mujeres se vistan con ropa decorosa, con pudor y modestia, no con peinado ostentoso, no con oro, o perlas, o vestidos costosos; sino con buenas obras, como corresponde a las mujeres que profesan la piedad”.
Oremos para que entendamos de mejor forma la Palabra del Creador.



