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Mi Kabbala – Tishrei 30, 5785 – Viernes 1 de noviembre del 2024

¿Traducciones?

El Texto de Textos nos revela en Isaías 40:8, “Secase la hierba, marchitase la flor; mas la palabra del Creador nuestro permanece para siempre”.

La Torá (תּוֹרָה), que significa “enseñanza”, nos guía a través de Su ley, lo que implica que Su Palabra es sagrada y que cada signo lingüístico revelado en ella contiene chispas de Luz. Moisés, al recibir esta revelación, la plasmó en escritos que, a pesar de haber sido traducidos innumerables veces, siguen manteniendo el carácter sagrado del texto que inspira nuestras vidas, especialmente cuando oramos e invocamos al Espíritu Santo para que sea Él quien ilumine nuestro oscuro entendimiento.

Las parábolas e historias de la Torá solo representan una amenaza para quienes no buscan la verdad, ya que en ellas se ocultan significados profundos sobre la vida. Estos secretos (רזים, razim) o misterios revelados se encuentran en cada página de la Escritura. Libros como el de Daniel muestran de manera clara esa salvación encarnada en nuestro Señor Jesucristo, quien se humanó y nos llenó de Su misericordia, alejándonos de la dimensión de la ilusión y el engaño. En el Nuevo Testamento, nos dejó el gran mandamiento de amarnos unos a otros.

El lenguaje figurado y antropomórfico de la Escritura describe cómo integrarnos con el Creador a través de Su obra, ya que el pecado requiere una corrección individual que no solo se logra mediante buenas acciones, sino a través de la Fe, que le permite a nuestra alma reconectarse con Su Espíritu. Este proceso de ascenso se realiza con los dones que se nos han otorgado, los cuales debemos poner al servicio de los demás. Así, podemos acercarnos a la perfección que el Creador desea para nosotros, un proceso conocido como Tikún, evitando la lógica humana pecaminosa, el jattáʼth (חטא), o errar, que nos aleja de Él.

La iluminación de nuestro entendimiento nos llama, como Abel (הבל, Habel, “soplo” o “frágil”), a comprender que Su Palabra es la Luz. De lo contrario, nuestras ilusiones y los lenguajes que las expresan solo nos llenarán de desconfianza y nos mantendrán en el caos, pese a nuestros anhelos de bienestar. Es crucial mantenernos fieles a esa Palabra, que, aunque traducida a diferentes contextos históricos y culturales, conserva su esencia original. Aun cuando nuestras interpretaciones no siempre logran captar todas las revelaciones, debemos evitar adecuar Su mensaje a nuestras perspectivas sesgadas con las cuales solo nos distanciamos más.

Atender a las revelaciones del Creador y Sus manifestaciones implica reconocer que Él nos alienta y nutre. Él es nuestro Ein Sof (אין סוף, Infinito), en quien reside nuestra plenitud y nuestra identidad como hijos suyos. Este proceso de vida es un camino de crecimiento hacia la trascendencia. Nuestra tarea diaria es alcanzar, a través de Su Palabra, esa coherencia de vida que, guiada por el Espíritu Santo, traduce los mensajes divinos para que sean nuestra luz. Así, nuestras acciones, acompañadas de oraciones, nos llevarán a cumplir el objetivo transformador celestial.

El Texto de Textos nos revela en II de Timoteo 3:16, “Toda la Escritura es inspirada por el Creador, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia”.

Oremos para que la Palabra del Creador guie nuestras vidas y retroalimente nuestras diarias búsquedas.

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