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Mi Parashá – Génesis 2:11

El término “Pishón” (פִּישׁוֹן), que significa difusión o expansión, hace referencia a esa energía divina que fluye en todos, ya sea como aire, agua, fuego o tierra, y que nosotros, al materializarla, no percibimos en su esencia. Quizá por ello, en la gematría, su valor numérico de 446 se relaciona con la tierra de Havilá (חֲוִילָה), donde el oro y la riqueza abundan, pero desde una perspectiva espiritual. Esta confusión egoísta nos lleva a suponer que la riqueza material es una bendición cuando en realidad es una prueba.

Estamos llamados a compartir y no a competir, pero mientras sigamos viendo el oro como un metal del cual debemos apropiarnos, y no como la sabiduría y riqueza espiritual que debe guiarnos, continuaremos creyendo erróneamente que es el sol el que nos da luz, sin reconocer que este, como todos los astros, solo refleja la única fuente de la creación y su divinidad.

El concepto de “Oro” (זָּהָב), con un valor numérico de 14, nos vincula realmente al refinamiento y la purificación, un proceso que, al pasarnos por el fuego, nos llama a la espiritualización para poder brillar en esta parte de la creación. El río Pishón, al rodear toda la tierra de Havilá, donde hay oro, debe interpretarse como la búsqueda de esa energía divina que rodea y nutre las áreas de la vida donde la riqueza espiritual se ve como principal antes que lo material.

No somos dueños de nada, ni siquiera de la vida, por lo que, al igual que ese río, no solo debemos fluir aportando esa energía divina, sino que debemos compartir esa sabiduría para que esa luz se expanda por toda la creación. Seguir enfocándonos en prioridades materiales ilusorias y egoístas es obviar que estamos desperdiciando no solo nuestras capacidades, sino el tiempo limitado otorgado para tomar las decisiones correctas.

Al ponerle precio a la vida y a las cosas que nos rodean, dejamos de apreciar nuestro ser espiritual. Por ello, redirigir nuestra energía, representada analógicamente por el río que fluye por nuestras venas, hacia las áreas de la vida que verdaderamente enriquecen nuestro espíritu, simbolizadas en el oro que significa nuestro conocimiento, es la tarea principal. Alinear nuestras intenciones, deseos, emociones, palabras, interrelaciones e interacciones con las fuentes de sabiduría y luz que están disponibles para nosotros nos asegurará de que nuestras “tierras” internas estén bien regadas y fructíferas.

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