
Mi Parashá – Génesis 2:13
El río Guijón (גִּיחוֹן – Gijón), al relacionarse con una raíz que implica brotar o estallar, nos recuerda el flujo de vida y energía que surge con fuerza, una poderosa corriente de vitalidad espiritual que rodea y nutre la tierra, tal y como sucede con la sangre que corre por nuestras venas, la cual debemos mantener pura, ya que se irradia por todo nuestro ser.
El valor de 77 para este término, al asociarlo con la palabra “Mazal” (מזל – suerte, destino), nos ofrece una idea diferente a la interpretación que en ocasiones damos a estas expresiones, obviando que Su presencia es una fuerza a la que estamos destinados para que nos guíe y proteja.
La suerte y el destino implican seguir al Creador, confiando en Su guía y dejándonos llenar de Su sabiduría, para que no sean nuestros desconocimientos, desinformaciones e ignorancias los que nos desvíen del rumbo. Esto significa que nuestra buena fortuna está a Su lado; lo cual no quiere decir que no tendremos pruebas o desafíos, sino simplemente que todo nos ayudará en ese propósito integrador con Él.
La tierra de Cus (כּוּשׁ – Kush), por su parte, es asociada por algunos con una región de riqueza y diversidad, pero su verdadera esencia es la expansión del conocimiento y la diversidad espiritual. Por lo tanto, la fertilidad es en realidad una visión interior que, como la que rodea al río Guijón, nos llama a proyectar en nosotros un entorno propicio para nuestro crecimiento y para la multiplicación de esa bendición que significa Su guía.
El río Guijón, rodeando la tierra de Cus, puede verse como una representación de cómo la energía vital y la fuerza espiritual se concentran y nutren áreas de gran diversidad y riqueza espiritual, ya que los ríos que fluyen desde Edén representan diferentes aspectos de la emanación divina, y Guijón, en particular, es visto como una corriente de energía que activa y dinamiza las potencialidades ocultas.
La gematría de Guijón, 77, también nos invita a reflexionar sobre la intersección entre el destino y la vitalidad, sugiriendo que hay fuerzas invisibles en juego que guían el flujo de la vida hacia su destino espiritual. Si no las atendemos por dejarnos distraer, somos los únicos responsables de no aceptar esa predestinación que como hijos nos llama a la unidad con Él.
Seguir otorgando al destino un rol diferente solo nos desvía de ese camino espiritual, que como Guijón rodea Cus, nos recuerda que nuestras vidas están rodeadas y guiadas por fuerzas espirituales que pueden ayudarnos a alcanzar nuestro potencial o, simplemente, seguirnos alejando incluso de nosotros mismos.
Debemos centrarnos en la importancia de nutrir nuestras propias capacidades y diversidades internas, permitiendo que la energía divina fluya libremente y con propósito en nuestras vidas, guiándonos hacia un destino más elevado.



