
Mi Parashá – Génesis 3:23
La expulsión del Jardín del Edén fue un paso crucial en la evolución espiritual del ser humano, ya que, aunque muchos lo evalúan como un castigo, es realmente, dentro de la dualidad que caracteriza nuestras vivencias, una oportunidad para que, como hijos del Creador, enfrentemos los desafíos del mundo material y, a través de ellos, logremos nuestra redención.
El Jardín del Edén representa un estado de pureza y conexión directa con lo divino, mientras que la “tierra” en la que cohabitamos actualmente como masa crítica representa una realidad física que contiene desafíos específicos; por lo tanto, al trabajar, asumimos la tarea de transformarnos y redimirnos.
En lugar de disfrutar de los frutos sin esfuerzo, los seres humanos debemos participar activamente en la creación, cultivando y elevando el mundo material hacia lo espiritual, tarea que es esencial para la redención y la restauración del estado original de armonía con lo divino.
Es por ello que la palabra “אֲדָמָה” (adamah, “tierra”), por su valor numérico de 50 (Alef = 1, Dalet = 4, Mem = 40, Hei = 5), nos habla también de libertad y redención, tanto que este número está asociado al jubileo, un tiempo de liberación y restauración en la tradición judía.
El término “גַּן-עֵדֶן” (gan-eden, “Jardín del Edén”) tiene un valor numérico de 124 (Gimel = 3, Nun = 50, Ayin = 70, Dalet = 4, Nun = 50), llamándonos a un estado de plenitud y bendición que se perdió con la expulsión, pero que sigue siendo un objetivo para el ser humano alcanzar a través de su trabajo y esfuerzo espiritual.
No perdamos de vista la importancia del trabajo y el esfuerzo en la vida, ya que, aunque la expulsión del Jardín del Edén simboliza la entrada en un estado donde el esfuerzo es necesario para alcanzar la plenitud y la conexión con lo divino, también está claro que trabajar la tierra se convierte en una metáfora del crecimiento interior lumínico que cada uno debe realizar para transformar su vida y alcanzar la redención.
La fe nos reitera que, aunque estamos intrínsecamente conectados con el mundo material, nuestra misión es elevarlo y purificarlo, proceso que hace que cada acción consciente que tomamos para mejorar nuestros entornos y a nosotros mismos nos acerque más al estado de armonía y plenitud que representa el Jardín del Edén.



