
Mi Parashá – Génesis 9:9
La palabra “pacto”, “בְּרִית” (brit), es más que un acuerdo; es un lazo espiritual que conecta lo divino con lo humano y que, como manifestación de Su voluntad, implica preservar nuestra vida y garantizar que la humanidad continúe cumpliendo su propósito espiritual. Su valor gemátrico de 612 (ב=2, ר=200, י=10, ת=400), al estar cerca del 613, que es el número de mandamientos en la Torá, sugiere una conexión profunda entre este pacto y la totalidad de sus preceptos.
Esto subraya que este brit no es simplemente un acuerdo, sino una responsabilidad que implica seguir la voluntad divina expresada a través de la Torá. Quizá por ello, el mismo versículo menciona que “vuestra descendencia”, “זַרְעֲכֶם” (zar’achem), con un valor de 327 (ז=7, ר=200, ע=70, כ=20, ם=30), nos da la idea de continuidad y multiplicación espiritual y física, enfatizando la importancia de transmitir este pacto y la responsabilidad espiritual a las futuras generaciones.
Es un pacto eterno, no solo con Noé, sino también con su descendencia futura, reconociendo la protección y vínculo duradero entre el Creador y la humanidad, lo cual nos reitera siempre Su promesa, que es sagrada, pero que conlleva responsabilidades espirituales y morales para nosotros.
Estamos conectados con lo divino a través de este pacto, y es nuestra responsabilidad vivir de acuerdo con los valores y enseñanzas que se nos han transmitido, lo que nos invita a considerar cómo estamos cumpliendo con nuestro propio “pacto” espiritual, cómo estamos transmitiendo estos valores a las generaciones futuras y cómo podemos fortalecer nuestra conexión con lo divino a través de nuestras acciones y decisiones.



