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Mi Parshà – Gènesis 12:21

El versículo refleja el cierre de un ciclo en el que Abram, después de su experiencia en Egipto, recibe de vuelta a Sarai y parte con ella. Este evento marca un retorno a la armonía y el restablecimiento del equilibrio divino en su relación. La expresión recibió, וַיִּשָּׂא (Vayisa), cuyo valor gemátrico es 311 (ו = 6, י = 10, ש = 300, א = 1), presenta este acto de cargar o levantar como una aceptación. Así, Abram no solo recibe de vuelta a Sarai, sino que también asume nuevamente su papel protector y restaurador.

El número 311 simboliza la revelación de la verdad y la rectificación, sugiriendo que Abram está tomando su lugar en el plan divino, reconociendo y corrigiendo la situación. La expresión a ella, לָהּ (Lah), cuyo valor gemátrico es 35 (ל = 30, ה = 5), resalta la importancia de la energía femenina como manifestación, sugiriendo que Sarai es una parte fundamental de la misión espiritual de Abram, ya que desempeña un papel clave en el restablecimiento del equilibrio divino.

El faraón, como figura de autoridad terrenal, representa el poder material y el ego, pero cuando reconoce su error y devuelve a Sarai, refleja un acto de corrección y transformación, lo que sugiere que su acción es un paso hacia la reconciliación entre lo material y lo espiritual.

Después de haber sido separados por circunstancias externas, Sarai y Abram vuelven a estar juntos, lo que implica la restauración del equilibrio en su misión divina. Este concepto nos invita a nosotros, en nuestro día a día, a restaurar ese equilibrio y verdad en nuestras relaciones y en nuestra vida espiritual.

A menudo enfrentamos pruebas que pueden alejarnos de nuestro propósito o misión, pero siempre existe la oportunidad para la corrección y el retorno al equilibrio. Por ello, el acto de recibir a alguien de regreso, como lo hace Abram con Sarai, es un recordatorio de que la verdadera unión y alineación espiritual no solo implican conexiones físicas, sino también restablecer el orden y la armonía en nuestras vidas.

Este versículo también nos enseña que incluso las autoridades materiales más poderosas, como el faraón, deben reconocer cuando han actuado fuera de alineación con el orden espiritual y corregir sus acciones. En este contexto, se subraya la importancia de la energía femenina, simbolizada por Sarai, en el proceso de corrección y crecimiento espiritual. Sarai es central en la misión de Abram, y su retorno representa la restauración de un equilibrio esencial para cumplir con el propósito divino.

Entender este capítulo de la Biblia dentro de los ciclos que debemos vivenciar los creyentes en busca de ese camino espiritual que nos lleva regularmente a Egipto, donde las tentaciones y todo lo bajo de este mundo nos atraen, pero a la vez nos confrontan y asfixian, nos lleva a padecer algunas plagas o males a través de los cuales entendemos no solo la intervención divina, sino también sus revelaciones para decidir si continuamos aferrados a esa esclavitud material o proseguimos el camino, ya libres de todo lo que ese territorio, sus costumbres, hábitos, creencias y pasado significan.

Toda “plaga” מַכָּה (maká), golpe o castigo, representa llamados espirituales y desafíos que el ser humano debe superar en su viaje hacia la iluminación y la conexión con lo divino. Por ello, más que quejarnos por lo que suponemos no merecemos, debemos alabar en señal de gratitud por su purificación y misericordia, antes de que la justicia divina nos muestre que desperdiciamos la oportunidad para la transformación espiritual al no corregir nuestros errores ni alinearnos con la voluntad divina.

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