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Mi Kabbala – Elul 10, 5785 – Miércoles 3 de septiembre del 2025

¿Convivencia?

El Texto de Textos nos revela en I de Samuel 25:6, “y decidle así: Sea paz a ti, y paz a tu familia, y paz a todo cuanto tienes”.

Una cosa es la convivencia (דוּ-קִיּוּם, Du-Kiyum) y otra, nuestras conveniencias, lo que provoca que en este mundo abordemos algunos temas con criterios ásperos y despectivos, que nos sirven siempre como creyentes a estar más atentos a nuestras reacciones frente a esas alucinaciones que se nos proyectan como realidades y que nos ciegan de percibir las manifestaciones del Creador y que deberían mas ver guiarnos para que nuestro paso por este planeta sea verdaderamente coherente con esos propósitos que, por lógica, nos llaman a reorientar esas decisiones que tomamos a diario.

Quizá por ello la letra Shin (ש), pronunciada como “sh”, vigésima primera del alfabeto hebreo, con correspondencia en el alfabeto griego a la letra sigma, Σ (σ), y en el abecedario latino a la S, tiene como equivalente en el alfabeto cirílico la CH y es que sin importar el idioma humano, Shen (שֵׁן) o “diente”, con un valor de 300 y un sonido acentuado sobre el cuerno izquierdo (שׂ), similar a la “ch” en español, gracias al punto sobre el cuerno derecho (שׁ), visiones que leídas profundizando en esta simbología nos enseña entre otras cosas que contamos con unos dientes no solo para masticar mejor y digerir sino sobre todo para que estos protejan nuestras lenguas al recrearnos en Su palabra.

Visión que fruto de estas y otras analogías, nos incita a comprender que la letra Shin debe entenderse como sagrada y es que, no es coincidencia que dicha letra sirva de inicial para palabras clave como Shaddai y Shalom, donde se denotan esos atributos divinos que deben estar presentes además en nuestros labios, al colocar nuestra lengua sobre nuestros dientes para que ese sonido nos hable de Él, perspectiva que visionada desde la nación de Israel y su Estrella de David, o como el candelabro de siete brazos, por esa grafía del diente nos proyecta esa fuerza vital para alabarle (לְהַלֵּל, Lehallel) constantemente.

El concepto de Shin nos llama a ser diferentes, a cambiar, a evitar transgredir, siendo esta letra la raíz del árbol de la vida y de las Sefirot, dándole asi esa correspondencia con nuestro mundo para que entendamos que todo movimiento (תְּנוּעָה, Tnu’a) depende de Él, siendo esa semejanza la que nos llama a armonizarnos con Él a someternos a esos cambios coordinando nuestra voluntad para deslizamos en nuestros devenires que cual ríos nos llaman a interactuar incesante con esa fuerza superior en vez de oponernos a ella, entendiendo que Él es el dador de la vida.

Estas referencias conceptuales nos llaman a convivir, razón de ser de este mundo, en el cual nos olvidamos de compartir para dedicarnos a competir, cuando realmente todos cohabitamos en este plano y estamos llamados más que a disfrutar de aquellas circunstancias a través de las cuales experimentamos los roces de nuestra propia movilidad, a aprender, llamado para que con nuestra boca alabemos por todo y por todos, enfocándonos siempre en lo celestial, en lugar de distraernos con todo aquello a lo que le hemos dado un precio, quitándonos el verdadero aprecio por la vida, la cual, siendo eterna, nos relaciona con el reino celestial (שָׁמַיִם, Shamayim).

El Texto de Textos nos revela en Filipenses 4:6, “por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante del Creador en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz del Creador, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.

Oremos para que redescubramos en este mundo las cosas del Creador.

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