La promesa hecha a Abraham, aunque contiene elementos físicos y terrenales, es en realidad espiritual y se extiende a todos nosotros como Su pueblo, herederos de esa promesa y de esa fe. La idea de engrandecer el nombre de Abraham …
El llamado del Creador a Abram es más que un mandato físico, es un desafío espiritual, cuyo eco nos habla a todos los creyentes para que dejemos atrás esas costumbres paganas que nos han consolidado en los lugares donde habitamos. …
El verbo fueron, al referirse a los años de Taré, nos da la idea de וַיִּהְיוּ (Vayihyu), con un valor gemátrico de 37 (ו=6, י=10, ה=5, י=10, ו=6), lo cual sugiere la realización de un ciclo completo de vida. La …
El verbo tomar (וַיִּקַּח, Vayikach), cuyo valor gemátrico es 138 (ו=6, י=10, ק=100, ח=8), se interpreta aquí como una decisión activa, una acción consciente de dirigir o guiar a su familia hacia un nuevo destino, crucial para una evolución espiritual …
La historia de Abraham y Sara no solo proyecta el origen del pueblo hebreo, sino también el del Mesías, quien está implícito en cada uno de estos signos lingüísticos para otorgarnos no solo señales de su existencia, sino también enseñanzas …
Nuestra genealogía se complementa al tomar nuestras parejas. וַיִּקַּח (Vayikach), con un valor gemátrico de 138 (ו=6, י=10, ק=100, ח=8), enmarca la acción de elegir o tomar una decisión significativa. En este caso, la decisión de Abram y Najor de …
El concepto de murió, וַיָּמָת (Vayamat), con un valor gemátrico de 456 (ו=6, י=10, מ=40, ת=400), nos habla más que de un final físico, de una transición que enmarca este ciclo terrenal que nuestra alma debe cumplir. Quizás por ello, …
El concepto de generación, תּוֹלְדֹת (Toledot), con un valor gemátrico de 840 (ת=400, ו=6, ל=30, ד=4, ו=6, ת=400), es un recordatorio de la importancia consanguínea de la transmisión del conocimiento y del legado espiritual a nuestros hijos. Esta expansión y …
A partir de este versículo se introduce en nuestra historia la vida de Abram, quien es el padre de nuestra fe y nació de Taré, quien vivió setenta años. Esto no desdice de la plenitud y preparación que alcanzó, ya …
Después de engendrar a Taré, vivió Najor ciento diecinueve años más, lo que le dio tiempo suficiente, como a sus antecesores, para guiar a su descendencia y asegurar que el conocimiento y las enseñanzas que había recibido fueran transmitidos adecuadamente: …










